FUNDAMENTOS DE UN LEGADO CON DESTINO A NAUFRAGIO

Despard

Carta Apócrifa de G.H. Despard

Isla Vigía, 20 de Marzo de 1860

A la misión:

Escribo esta carta para presentar mi renuncia a la superintendencia de la misión de forma definitiva e irrevocable. Me gustaría, por lo tanto, hacer un descargo de lo sucedido en estos 16 años que he sido parte de esta misión.

Allen Gardiner, fundador de esta misión, fue mi entrañable amigo y mi inspiración, quise seguir sus pasos en esta gran empresa, pero sobre todas las cosas quise ser meticuloso en el método que él planteó entregando la vida. Fiel a la experiencia de Fitz Roy adquirimos una goleta de ochenta y ocho toneladas bautizada con el nombre de “Allen Gardiner” y establecimos una misión en la isla Vigía para enseñar a los fueguinos la fe cristiana y los modos victorianos de nuestra época. En Septiembre 1856 una vez establecida la misión en la isla, nos trasladamos a ésta junto a mi mujer y mis hijos para así dedicarnos a tan profunda tarea. Los que me precedieron, y los que vendrán, saben que esta no es una zona fácil, tanto por su clima y terreno como por la gente que allí habita. Bien lo supo Allen.

El legado de Allen fue para mí una luz. No solo creí en sus métodos, en su pasión, en su energía… creí ver lo que él vio. Entendí que había una pieza que podría ser el éxito para la misión, la pieza clave: Jemmy Button. Aunque Allen no lo encontró allí, seguí la historia de Fitz Roy y decidí buscarlo en Wulaia, en la misma isla de la que hacía décadas había partido hacia Inglaterra y permanecido allí por 4 años. Cada vez pienso con más frecuencia que hubiese sido mejor no encontrarlo nunca, que quizás todo hubiese sido más fácil si no ejercíamos tanta presión en él. El primer encuentro que tuvimos no presentó ningún problema. Se comunicaba con un inglés entendible a nuestros oídos y utilizaba cubiertos para comer a la perfección. Sus costumbres elegantes habían quedado bien resguardadas, pero a la hora de proponerle de continuar su educación religiosa en la isla Vigía se negó terminantemente. Fue una gran frustración en el momento, ya que él era un elemento que serviría para adoctrinar a los demás indios, como una vez lo pensaron Fitz Roy y el mismo Allen.

Fue en el verano de 1859 cuando mi esperanza recibió el primer embate de la serie de sucesos que culminarían en esta carta. Ese 6 de noviembre me persigue. Está ahí, acechando. Cuando supe que fue el mismo J. Button el que, junto a otros indios, asesinaron a los misioneros, a mis misioneros, mis compañeros, sabía que estaba siendo puesto a prueba. Recordé al señor Snow, el primer capitán que nos trajo a estas latitudes australes y nuestras discusiones. Recuerdo sus críticas constantes a nuestros métodos como misioneros y su discurso de que estábamos imponiendo, controlando, manipulando un pueblo libre que nada tenía que ver con nuestras costumbres y creencias. ¿Es posible que desde el principio estuviese mal? Siempre me dije: con la ayuda de Dios, la misión será continuada. ¿Continua la misión? ¿Llegara la misión a ese punto culminante de instalarse definitivamente en tierras fueguinas?

En este momento me duele el juicio que tendré que enfrentar por haber abandonado nuestro barco, el “Allen Gardiner” en Wulaia. ¿Sabrán ellos cuánto vale Allen Gardiner, el mártir, y su obra? Saben cuánto vale un barco y la bandera que ondea en su mástil, eso no me cabe duda. ¿Cuánto vale la vida de los ocho misioneros que me acompañaron y murieron en Wulaia?

Siento que mi presencia en la misión ensucia el nombre de mi viejo amigo, el mártir Allen Gardiner. Y así como él, dejo mi legado: mi hijo Thomas (Bridges) se quedara en la isla Vigía. Ya en estos días está haciendo un gran trabajo al interpretar el idioma yamana. Temo que su destino quede sellado al de la misión, pero hemos sido muchos los que nos hemos sacrificado en esta gran obra.

Sin más, presento mi renuncia y después, partir, partir, partir… irme y nada más…

G.H. Despard

Esta carta tardó 2 años en ser respondida, tiempo que Despard tuvo que esperar pacientemente en la isla Vigía para después volver a Inglaterra para enfrentar el juicio que lo esperaba.

Latitud 55 Sur

Fuente:
“El Ultimo Confin De La Tierra”, por Lucas Bridges
“Los misioneros no bajan los brazos, los fueguinos tampoco”, por Lucas Potenze
“La Misión se instala en Ushuaia”, por Lucas Potenze

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