Ruego apócrifo de Elizabeth Marsh, segunda esposa de Allen Gardiner, para que no emprenda su última misión.

Marsh 1

Basildon, Inglaterra

05/09/1850

Querido Allen:
Quiero comenzar esta carta como voy a terminarla: NO PARTAS. Conozco tu compromiso, y sé que todos los fracasos anteriores o los nuevos peligros no son un argumento para disuadir tu voluntad en esta empresa. Te escucho decir: “Jesucristo ha dado una orden: predicar el evangelio hasta lo último de la tierra. El proveerá para el cumplimiento de su propio deseo: Obedezcámosle.”
Me gustaría expresarte el profundo respeto que siento por tu obra, por tu pasión, por tu sacrificio. Recuerdo todas y cada una de tus aventuras que me has contado y siento en la piel todas las que hemos vivido juntos. Imagino que la perdida de tus seres amados debe de haberte dado la inspiración suficiente para entregarte a tan honorable labor. Y es por esta obra tan importante que siento el orgullo de haberte acompañado. ¿Recuerdas cuando nos conocimos en “Durban”? Ciudad que tú mismo planeaste y nombraste. Recuerdo con mucho dolor ese último año en el África; no por los Zulúes, sino por la voluntad del Señor de llevarse a otro de nuestros hijos.
Un año después nos encontraría juntos en América del Sur: Rio de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, Mendoza… Todavía sueño por las noches con los hijos viajando en canastas mientras cruzábamos los Andes por el paso de Uspallata. Y una vez allí, Chile, Huilliches y Mapuches, y después Australia, Guinea y Polinesia, solo para volver a la Patagonia con sus Selk-nam.
Te lo menciono porque ya no sé si recuerdas, fueron 6 años de viajar juntos con los hijos, para que pudiésemos volver a nuestra Inglaterra y tu pudieses seguir con tu obra de convertir indios a la palabra de nuestro Señor. No lamento ese tiempo, y gracias a ellos puedo entender el sacrificio para lograr tu cometido, los meses y meses en el mar en barcos derruidos, las tormentas, el hambre, el frío americano, el calor africano, la constante frustración de no lograr un solo converso, los incansables esfuerzos para conseguir dinero que no sería para ti, las dificultades políticas de cada región a la que has viajado, el cansancio, la sed y la constante hostilidad de un mundo que uno trata de salvar.
Esperé en nuestra casa en Inglaterra 7 años más de tus viajes; un esposo itinerante. Volviste hace solo unos instantes de ese lugar, tan alejado, tan profundo. Esa Tierra del Fuego. El mismo fin del mundo. ¿Porque quieres volver allí, si tú mismo admitiste la hostilidad de esos indios? Sé que has perdido a mucha gente que amaste y aun así no te detuviste, sé que no quieres hacerlo ahora, pero, ¿Porque debería perderte yo? Lo has entregado todo, años viajando siempre poniendo en riesgo tu vida. Quizás alguien más pueda hacer algo por la Misión que has creado. Quizás ya sea suficiente y tu lugar este a mi lado ya que yo también estoy al lado del Señor.
Nunca te he pedido esto hasta ahora…. Por favor, no partas.

Elizabeth Marsh

Latitud 55 Sur

Fuente: “Captain Allen Gardiner, sailor and saint”, por Jesse Page. Ed. Patridge & Co.
¨El intrepido Allen Gardiner¨, por Raine Golab

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