GACETILLA DEL DESENLACE DE ALLEN FRANCIS GARDINER CAPÍTULO VI – FINAL

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Mentalmente fue un duro golpe el regreso a la desolada Bahía Aguirre, ellos sabían muy bien que las posibilidades de recibir algún tipo de auxilio eran remotas. La organización del campamento fue la misma, el Speedwell fue colocado nuevamente en la desembocadura del río Cook y el refugio construido con la base del Pioneer seguía en pie a poco más de 1 Km del río.

En estas latitudes el otoño siempre llega disfrazado de invierno, haciendo imposible diferenciarlos el uno del otro. Las bajas temperaturas y la poca luz que garantizan los días, dificulta conseguir cualquier tipo de alimento. Su dieta, compuesta de harina de avena y guisantes, cada tanto era acompañada con un poco de arroz. El esfuerzo diario por conseguir alimento tanto de la tierra como del agua, no llega a satisfacer las necesidades básicas de los misioneros. La oscura estación se anuncia con temibles temporales de viento y lluvia que no tardarían en transformarse en nieve.
Los misioneros, separados en dos grupos, cada vez salen menos de sus improvisados refugios. Producto de una inusual pleamar el agua arrasa con los alimentos fondeados en la cueva, demostrando que en vano fue la construcción de una barricada para impedir el paso del agua. Esa no sería la única perdida: la improvisada red de pesca colocada en el río Cook queda totalmente destruida por la cantidad de hielo en el mismo.
Con la llegada oficial del invierno fallece el primer misionero, John Babcock, uno de los tres pescadores oriundos de la península de Cornualles. Esa dura imagen repercute en sus compañeros que de alguna manera ven anticipadamente los síntomas de su propio final.

[ A pesar de la cantidad de momentos que pasaron juntos, fue en un día de tormenta cuando Allen siente haber conocido en su esencia a John Maidment. La fuerza y la dedicación de su joven compañero de refugio por mantener a salvo las escasas provisiones que quedaban dentro de la cueva, generó en él una sensación de orgullo que por un momento logró dejar atrás el hambre y el frío. Fue un gran acierto cuando desde la secretaría general de la misión en Londres lo recomendaron para dicha misión. La tenacidad y perseverancia en el día a día por salir en busca de alimento, tanto en la playa como en el bosque, generaba un liderazgo desde la constancia.]

A fines de Agosto fallece el carpintero Joseph Erwin y unos días después encuentran en el bosque el cadáver de John Bryan. Este último muere en completa soledad. John Maidment tomó la decisión de darle sepultura a los cuerpos lo cual lo deja extremadamente agotado.
Las pocas fuerzas que restan en cada uno de ellos impide el recorrido entre los refugios. De aquí en más cada pareja vivirá separada y en una ignorancia absoluta de lo que pueda ocurrirle a la otra.
A poco menos de un año desde que se aventuraron hacia las aguas del hemisferio sur el cometido de dicha empresa se encuentra próximo a su fracaso definitivo. Es tal la falta de nutrientes en el cuerpo de Gardiner que lo deja prácticamente inmovilizado, dependiendo exclusivamente de lo que su compañero pudiese llegar a suministrarle.
No pasó mucho tiempo hasta que Maidment se sintió lo suficientemente débil como para no poder levantarse de su lecho. Sólo pudo hacerlo una vez más… Así moriría solo, fuera del refugio que con tanto empeño mantuvo y sostuvo, dejando a Gardiner como el último ocupante del Pioneer. Su falta de fuerzas lo confinó a la más íntima soledad, la soledad del hombre que espera morir.

[La inanición entra en una etapa de la cual ya no hay retorno: el pulso se vuelve más lento, las heridas ya no cicatrizan… Puede entenderse como un espiral: es la falta de energía la que priva la posibilidad de buscar alimentos y así salir progresivamente de esa situación de debilidad extrema. Así, la quietud empuja a la muerte a quien padece esta enfermedad…]

En sus últimos días Gardiner se dedicó a la tarea de escribir. Su diario revelaría los detalles de esta desventura y el trágico final de la compañía. En sus páginas se ve claramente como, tanto él como los demás integrantes de la misión, se aferran al motivo que los llevó a embarcarse a aquellas latitudes, considerando a la muerte como la forma de reunión con el ser por el que valía la pena llevar a cabo tan sacrificada tarea. Allen redacta de forma detallada claras instrucciones de cómo debería llevarse a cabo la tarea evangelizadora que él no podría concluir.

[De niño, su madre lo encontró una vez dormido sobre el piso. Gardiner le explicó que debía acostumbrarse a los rigores del explorador, según su sueño de viajar a muchas tierras desconocidas.]

Finalmente escribe cuatro cartas, dos a sus hijos, una a su mujer E. Marsh y una última al Sr. Williams, quien se encontraba en el otro refugio del que hacia mucho tiempo que no tenia noticias. Él nunca la recibiría, dejando las palabras finales A. F. Gardiner sin destinatario.
Su muerte marcó el fin de la primer Misión Evangelizadora de Tierra del Fuego, que sin sobrevivientes, inauguraría un nuevo capítulo en la historia del extremo sur del Continente Americano.

Latitud 55 Sur

Fuente: “The Story of Commander Allen Gardiner, R.N with Sketches of Missionary Work in South America ” por John W. Marsh, M.A y W.H. Stirling.

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